2.0: ¿DEMASIADO CORAZÓN?

2.0: ¿DEMASIADO CORAZÓN?

Después de un par de años exhibiéndome emocionalmente en esta red tanto a través de imágenes como de palabras, mi carácter social se fue abriendo, mi pudor difuminando y la barrera que marca lo más privado de mí se fue haciendo tan grande como los enormes latifundios castellanos. Mi perfil desde hace unos meses es público. Cada vez el grupo de seguidores a los que no he visto en mi vida se amplia. Gente que sabes que te lee, te sigue o simplemente le apetecía estar ahí. Ni lo sé, ni me importa siempre que haya respeto, tanto por mi parte, como por la suya.

Yo publico palabras y fotos. Tengo historias muy reales, otras menos. Fotos artísticas. Otras menos. Algunos retratos. Paisajes e imágenes de mis aventuras y desventuras por la vida. Algunos de mis seguidores publican las fotos de sus corredurías nocturnas, otros simplemente son meros espectadores. Algunos utilizan Facebook de manera profesional. Otros como libro de historia de vida y otros para vender sus productos o negocios, pero lo que está claro es que en este escaparate 2.0 en mayor o menor medida todos somos exhibimos algo. El fin: normalmente vender.

Y ahora pregunto: ¿sabemos vendernos? y segundo ¿qué es lo que más vende? Pues yo lo tengo clarísimo, hay algo que ni cambia ni cambiará nunca. Si en OT, Rosa despertaba el furor de la audiencia porque “pobre niña gordita que canta bien”. Isabel Gemio lograba audiencias estratosféricas con Lo que necesitas es amor o Jorge Javier actualmente lo hace con Algo que nos quiere decir, la historia se repite, aunque el formato haya cambiado. A una gran masa de los internautas poco o nada les importa que un texto tenga las faltas de ortografía más garrafales que una gramática pueda recoger si consigue hacerles llorar.

Poco o nada les importa si una foto está llena de sangre y dolor si consigue ponerle los pelos como escarpias.

Poco o nada les importa si la imagen de un niño enfermo se comparte de perfil en perfil cuando se trata de recaudar fondos para su operación.

Poco o nada les importa la instantánea de un perro totalmente herido si lo que se busca es denunciar un crimen.

Poco o nada les importa la historia de una mujer maltratada cuando se trata “crujir” a su asesino.

Poco o nada les importa quién está detrás de esa frase lapidaria si lo que se quiere es  demostrar que ellos también darían la vida por esas palabras.

En las redes sociales venden las emociones, las relaciones reales, la solidaridad, las historia de amor y desamor, las tristezas y desgracias, más que las alegrías y celebraciones. Las dificultades más que las facilidades. Los enfados, las broncas, la pasión, el erotismo, la enfermedad, las miserias, las entrañas. En definitiva y como diría la canción ¿Demasiado corazón?

 

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