EN BLANCO

Blanca se quedó la señora María en el mercado cuando le dijeron que las paraguayas iban a 4,50. – ¿Cuándo coño voy a comer fruta de verano? ¿en otoño?-

En blanco se quedaron las hojas del examen de Martín porque no rascó bola en toda la semana y no tenía capacidad para inventar ni una sola línea.

Blanco se quedó el plato que tenía dos huevos con patatas y un chorizo frito después mojar todo el pan que había en casa.

En blanco se quedó su mente cuando le preguntaron sin contemplaciones si le gustaba el vecino del tercero.

Blanca se quedó la colcha después de dos lavados con agua caliente y un detergente mágico.

En blanco se quedó anoche  aquella chica cuando su novio le pidió matrimonio delante  de 40 mil personas y con Paul MCartney de testigo.

Blanca de envidia se quedó la del primero cuando vio que la del tercero estrenaba cochazo nuevo.

En blanco se quedó la noche en la que entre tú y yo no pasó nada.

Y blancos también estaban los jazmines antes de que les diese el sol y la letra de la canción que no te dediqué porque no quisiste.

En blanco estará mi mente dentro de unos días, cuando ponga un punto y aparte.

Blancas se van a quedar las hojas de aquella historia que empezamos a escribir y que no vamos a terminar nunca.

Blanco va a dejar de estar mi cuerpo tan pronto me ponga al sol.

Y blanca también se va a quedar mi papeleta electoral porque el pelo se lo van a tomar a su puta madre, tan blanca como la cara del que mandaré a la mierda cuando me diga que no tengo derecho a decir ni a opinar sobre política u otros temas por haber votado en blanco. Pago mis impuestos, mis autónomos, mis IVAS, mis IRPFs y demasiado pago para lo que gano. Blanco se va quedar, blanco, blanco.EN BLANCO

CRÓNICA DE UNA CAMA

CAMADicen que en una como estas, tal vez más grande y más lujosa fue donde se fraguó el final de The Beatles.  La culpa se la echaron a Yoko Ono.

Dicen que algunos de los acuerdos políticos más importantes de la historia se gestaron en una cama y que uno de los contratos publicitarios más jugosos de nuestro país, se firmó después de una gran siesta en una gran cama. Pero todo esto lo dicen. También dicen  que un tercio de nuestra vida la pasamos aquí, en una como estas, yo apostaría a que en mi caso es menos, pero no lo vamos a discutir.

Las discusiones más monumentales se fraguan en la cama, al igual que las reconciliaciones más duraderas.

De pequeño tuve una cama de 1.05. Una cama de madera oscura con sus pies y su cabecero. Con una colcha azul de ovejas blancas a juego con las cortinas que luego dieron paso en la adolescencia a otra colcha, ésta de cuadros color grana. Esa fue mi cama hasta los 18 años.

A partir de ahí comenzó un periplo de camas y habitaciones,  parecido al de un feriante con su tómbola. Cama de residencia estudiantil, cama de hotel,  cama de pensión, cama de piso, cama de piso con galería, cama empotrada, cama en casa del abuelo, cama de la nueva casa de mis padres, cama de piso compartido…Ya solo me faltaría tu cama y la mía, porque con este ritmo todavía no tengo claro cuál es mi cama.

Me gustan las camas amplias. Dormir en el lado más cercano a la puerta y siempre con pijama, incluso cuando el calor en Madrid se hace insoportable.  Las sábanas ligeras y lisas por favor y si ya huelen a suavizante, un lujo entre los lujos.  Ya no ronco pero doy las mismas vueltas que Marco para buscar a su madre. Por la mañana en mi cama parece que dormimos yo y el séptimo de caballería. Acostumbrado a dormir sólo me agobia que me abracen. No me gusta desayunar en la cama, pero sí me parece un placer leer todos los periódicos mientras de fondo escucho la radio, costumbre matinal de domingo.

Siempre he tenido curiosidad por saber de qué hablarían unos padres en la cama, los míos por ejemplo. A pesar de dormir muchos años a su lado jamás los escuché. ¿Y de qué hablarán mis abuelos después de más de cincuenta años durmiendo juntos? Me gusta imaginar conversaciones de cama entre mis amigos.

¿De qué hablarán dos hermanos que comparten habitación? ¿Hablarán los políticos de política con sus parejas en la cama? Si no lo hacen, deberían de hacerlo. ¿Le cantará al oído el cantante a su amante? ¿Le escribirá notas el poeta a su musa  debajo  que dejará debajo de la almohada? Y un cocinero ¿le preparará souflé los domingos y se lo llevará a la cama? ¿De qué hablarán en la cama unos padres que tienen al lado a su bebé recién nacido? ¿Y los viudos hablarán con sus ya difuntos? ¿Hablará ella con el gato que duerme a sus pies?

Tú y yo creo que deberíamos de hablar en la cama, aunque sea del tiempo, ¿no crees?, por cierto hace frío para estar en junio.

ABUELOS DE GUERRA

ABUELOS DE GUERRA

Todavía eras un niño cuando tuviste que salir de Fresnedillas de la Oliva hasta Hoyo del Manzanares huyendo de algo que no era como aquellas excursiones de domingo por las tierras grande y chica. Escapando del horror de una guerra. Tenías 11 años, cuando se iniciaron los tiempos de penurias y calamidades. De hambre y necesidad. De frío, de angustia, dolor…Ahora lo entiendo todo.  Comprendo tu angustia porque no pasásemos nunca frío, porque nuestras barrigas estuviesen siempre llenas y porque tuviésemos lo mismo o más que el resto de los niños, todo lo que tú nunca llegaste a tener. Puedes estar tranquilo abuelo, sin duda alguna, lo conseguiste.

Me quedo con los cuentos que me contabas a la hora de la siesta. Con los otoños llenos de castañas que asabas en tu cocina de leña. Con los días que me esperabas a la puerta del colegio lloviese, nevase, tronase o cayera del cielo un infierno. Con las partidas de cartas siempre perdidas porque contabas las tuyas y las mías y yo pensaba que hacías magia.

Me quedo con las milhojas de crema de la pastelería vieja al salir del catecismo. Y con los caramelos de nata y cubalibre. Con los desayunos de El Encanto después de hacerme los análisis de sangre. Con los ronquidos de león que tenía que soportar cuando en las vacaciones compartíamos habitación. Con todos los cromos que compramos para conseguir un balón de fútbol que te hacía más ilusión a ti que a mí. Con las tardes en la salita mientras tú veías toros y yo aporreaba la vieja máquina de escribir. Con tus llegadas después de dos meses en Madrid, parecidas al regreso de los reyes magos, pero en primavera.

Me quedo con los paseos por la orilla del río Eume. Con las comidas de los domingos. Con las cazas de grillos. Con las campanas de la iglesia que nos informaban de lo que estaba ocurriendo en el pueblo. Con tus tortillas de patata y con los cornechos de pan que siempre tenías cuando íbamos a verte.

Me quedo con tu casa, un parque de atracciones para la imaginación donde Irene, Marta y especialmente yo jugamos a ser y a hacer lo que nos dio la gana. Allí nada era lo que parecía. Allí los tres fuimos felices.

Te gustará saber que ya mi nueva casa tiene muebles y que voy a salir adelante cueste lo que cueste, sin ti un poco más, pero saldré. Que el domingo vamos a comer juntos como siempre y que el día 13 volvemos todos al pueblo a cazar grillos.

No tengo hambre, ni frío. Estamos bien abuelo. No, no lloro, es el rocío de esta mañana que se coló por la ventana de mi balcón con los primeros rayos de sol.

¡Ya es primavera abuelo!

 ABUELOS DE GUERRAPD: Gracias a todos de parte de todos.

 

¿A QUÉ TE DEDICAS?

La pregunta si estudias o trabajas ha sido sustituida por la de a qué te dedicas a medida que mi número de canas ha ido creciendo. Una vez me lo preguntó mi sobrino. Mil veces mi abuelo. Tú cuando me conociste y ayer mi posible nuevo cliente.
En una vida retórica me dedico a viajar, a observar, a leer, a disfrutar el momento y a contároslo. Por esto todavía no cobro.
En una vida real nos dedicamos a comunicar. Comunicamos productos, servicios, personas, marcas, empresas, eventos, a ti.
Últimamente trabajo con un equipo de profesionales que se visten por los pies y no usan corbata.
Creamos tu marca. Diseñamos tu estrategia, te ponemos nombre, tu imagen corporativa, tu página web o tu blog. Tus redes sociales, generamos tus contenidos: una foto, un texto, dos posts, un video… y conversamos. Conversamos contigo y con tus clientes: ¿qué quieres que les digamos? Nosotros se lo contamos todo porque con ellos no podemos tener secretos.
Estamos receptivos a todo lo que nos planteéis y ¿cuánto costamos? eso lo hablamos en privado y a ser posible tomándonos un vino que es como se hacen bien las cosas en nuestro país. Vosotros nos contáis y nosotros os escuchamos. Después brindamos. Porque cada proyecto se celebra, pequeño o grande todos son dignos de celebración.
Cualquier duda, proyecto, idea o “paja mental” puedes consultárnosla ya. Sin miedo porque el miedo no sirve para nada.
Si queréis compartirme permitido y agradecido está.
¿Y la corbata? Fina si eres delgado y estrecho y más ancha si tu espalda es tamaño armario y a partir de ahí haz lo que quieras.
A QUÉ TE DEDICAS

EN LOS TEJADOS DE MADRID

Alguien pregunta: – ¿cuándo pasa el último tren?-

Miro la pantalla. Miro mi reloj. Miro la cara de aquella mujer de mediana edad, ojos brillantes y pelo pegado a la cara.

¿Por qué aún no ha hecho frío este invierno? Ese frío que a ti y a mí tanto nos gusta. Ese con el que nos subimos a los tejados de Madrid mientras bebemos café muy caliente que sujetamos con las dos manos para calentar las palmas. Ese que nos congela la punta de las pestañas y que nos pone la nariz roja como si nos hubiésemos bebido cuatro porrones de tinto peleón.

Esta mañana me despierto con la noticia de que Paula ha llegado. El fin de semana una amiga me cuenta que quiere ser madre. Esta mañana otra también me lo cuenta.

¡Ser madre!, qué frase tan corta y tan intensa. Yo también quiero ser madre. Siempre quise ser madre pero por haches o por bes, con “ b”, no he podido todavía. Sara también quiere ser mamá. Amelia también. Ángela también. Y Carlos. Y Manuel. Y Rafa. Y yo…

Ser madre. Una responsabilidad para toda la vida, de esas que atan con tres nudos, dos cadenas de acero y una llave que alguien se traga y jamás devuelve. Si hace años ser madre y sacar adelante a catorce hijos bajo una situación mediocre era digno de monumento. Ahora ser madre es digno de heroínas del siglo XXI. No vamos a comparar unos tiempos con otros porque es absurdo cuando todo ha cambiado tanto, pero ¿quién se atreve hoy en día a ser madre?.

Nos hemos vuelto completamente egoístas. Tener pareja es un lujo como comprarse un traje de Hermés o un reloj de Cartier. Tener un sueldo digno es un banco de niebla baja. Y la energía de los 20 a los 40 un milagro del que sólo unos pocos privilegiados pueden presumir. A ver quién tiene valor a retrasar ese reloj biológico de “tic, tac” eterno.

Desisto de esa idea. Mientras tú me dices que no estoy preparado. ¿Y quién coño lo está?. ¿Lo estaba mi madre? ¿y la tuya?. ¿Es cuestión de estar o de querer?. ¿Por qué queremos? Porque sí. ¿Por qué lapidamos a los que no quieren serlo?. ¿Quién dijo que el instinto maternal era tan obligatorio como el dni? ¿Quién dijo que había una edad para ser madre y que si no “ajo y agua”?

Y escucho como el chico que está detrás de mí contesta:

-Su último tren pasará cuando usted quiera que pase, señora-

No puedo evitar sonreír. El chico me guiña un ojo. Yo bajo la mirada y sigo esperando.

EN EL ANDÉN

MELCHORA, GASPARA , BALTASARA…Y OTRAS COSAS DE LO ABSURDO

A la espera de ver como el país será gobernado por primera vez en nuestra democracia por un rey o reina que tiene más agallas (y si no al tiempo), en muchas ciudades ya han decidido adelantarse y ponerle este año a los reyes tacones, medias y carmín en los labios, o más bien a los tacones y medias, de la Puri, la Carmen y la Adela, barba y bigote.

No es que yo esté en contra de los disfraces, el travestismo y el folclore popular, pero es que cuando todavía no hemos salido del “susto de unas campanadas en pelotas”, ahora esto, pero ¿qué coño nos está pasando?

Vamos por orden. 31 de diciembre, la abuela, la tía Paca, la cuñada, la suegra, “el matasuegras” y una docena de uvas, con pepitas, sin pepitas o con pieles y sin ellas, esperan. Televisión, cadena privada, subvencionada por dinero privado, marcas, publicidad, inversores y audiencias estratosféricas porque son canales que estudian lo que los televidentes piden y se les sirve en bandeja de plata. ¿De primero ternera? Tomen ustedes, carne de primera, en el mejor envase y lista para comer. No tranquilos, no quema, consúmanla rápido porque antes de que finalicen ustedes de polemizar les pondremos un coulant de chocolate blanco con crema de plátano y mango que les quitará todas las penas. ¿Dónde está el problema?

  1. Esta señora es un producto creado por y para la masa.
  2. Esta señora cobra de una empresa privada por hacer espectáculo, show, entremés o circo, como ustedes prefieran llamarlo. Es una profesional a la que se le paga por ello, igual que el notario cobra por dar fe y el boticario por despachar amoxicilina de 500 mg.
  3. ¿Estábamos obligados a contemplar eso que muchos han tachado de “espectáculo humillante y denigrante” para la mujer? No. No me engañen. Lo han visto. Les ha gustado. Y no me mientan porque otra vez más los audímetros han hablado. Si el problema es que el vestido se le haya puesto a una mujer, no se preocupen que el año que viene además de ternera pondrán también rabo de toro en la sobremesa y así todos contentos. Y que sepan que “a la Paca” le ha encantado, la chica, el vestido y se ha tomado “las uvas más contenta que unas castañuelas”.
  4. ¿Qué lo han visto los niños, y las niñas, preadolescentes y demás…? Háganse una pregunta, si con 13 años la adolescente llega a casa y dice que se quiere poner a dieta, antes de lanzar balones fuera (que es lo más fácil para todos) han pensado en los valores que se le han inculcado a ese niño a la hora de comer o de elegir la ropa que se pondrá para el cumpleaños de su amiguita.

Los niños también van a ver esta tarde que detrás de algún Melchor, Gaspar o Baltasar hay pechos, carmín y rímel, eso sí me preocupa, a ver cómo coño le explico a mi sobrino, que por motivos que prefiero desconocer, en el barrio, en la ciudad o en el pueblo, el mandamás de turno ha decidido cambiarle el sexo a sus majestades, sin aviso previo, ni tiempo suficiente para inventarme una historia, porque lo otro es televisión, es espectáculo, pero la ilusión de un niño listo como el hambre…¿ahora es también espectáculo? si lo queremos convertir en eso yo no juego que una cosa es la igualdad de género y otra el género idiota y son cosas muy, pero que muy distintas.

A PROPÓSITO DE 2016

QUIÉN TE IBA A DECIRHemos hablado mucho últimamente.

Esta foto tiene treinta y un años, ¿recuerdas?

Estábamos en la terraza de El Ribadavia, en As Pontes, en ese bar que un día existió. Una mañana de principios de verano, cuando por fin paró la lluvia y mamá me pudo poner la camisa de rayas nueva. No teníamos cámara de hacer fotos en casa, pero sí amigos fotógrafos que disparaban cuando estábamos en la calle, ¿recuerdas?

En este momento ni tú ni yo sabíamos lo que hoy sabemos.

¿Quién nos iba a decir que yo me dedicaría a esto que ni tú ni yo sabemos lo que es? Si a mí me gustaba la meteorología, la nieve ¿recuerdas? ¿Quién nos iba a decir que yo sería tan orgulloso y terco? ¿Quién nos iba a decir que yo terminaría viviendo en Madrid? ¿Quién nos iba a decir que nos enamoraríamos y desenamoraríamos y nos volveríamos a enamorar? ¿Quién nos iba a decir que tendríamos miedo? ¿Quién nos ibas a decir que un no por respuesta iba a generar mi propia Guerra Mundial? ¿Quién nos iba a decir que este año que hoy termina dejaríamos de fumar? ¿qué íbamos a encontrar nuestro lugar? ¿qué me iba a empeñar en ponerme en forma? ¿o que abandonaría la leche animal para siempre?…

¿Quién nos iba a decir que se podía echar tanto de menos?

¿Quién nos iba a decir que al 2016 no le pediríamos ni salud, ni dinero, ni amor…ni butifarras?

Al 2016 le pedimos patatas con huevos para cenar, una camisa blanca para recibirlo… y tierra, mucha tierra húmeda, para apoyar nuestros pies.

¡Gracias por estar aquí conmigo y feliz año a todos!

LA VIDA ES INJUSTA

Después de escuchar esto, él se calló. Cogió su abrigo y se marchó.

Dos días después pensó: ¿la vida muy injusta?

Injusta es la enfermedad de un crío. Injusta es la paliza que recibe una mujer sin saber por qué. Injustos son los muertos de un atentado. Injusto son los 11 euros que se pagan por una copa de garrafón que os envenena y seguís bebiendo. Injusto es un suspenso después de meses de estudio. Injusto es una tasa de paro que supera la barrera del sonido. Injusto es tener hambre y nada que llevarse a la boca. Injusta es la sequía cuando hace años que no llueve. Injusto son los sueldos de mierda con los que se roza el umbral de la pobreza. Injusto es tener instinto maternal y no poder regalarlo. Injusto es la vida de los reyes magos, toda la vida repartiendo sin recibir nada a cambio. Injusto es engordar con sólo respirar aire. Injusto será el domingo cuando se vea como los sinvergüenzas vuelvan a ocupar el trono del poder. Injusto es estar cachondo y que no se le levante. Injusto es el precio de la dorada a tres días de Navidad. Injusto es un juicio sin conocimiento y más injusta puede ser una sentencia. Injusta es la prostitución por la supervivencia. Injusta es la caída del pelo a partir de los cuarenta. Injusta la paliza en el gimnasio por conservar la dignidad abdominal. Injusto es tener una lata, y nada con qué abrirla.

Injustos somos todos cuando no queremos como quieren que queramos. Injustos somos todos cuando no nos quieren como queremos que nos quieran.

Injusto fue el beso tan triste como el pésame que le dan a una viuda que acaba de perder a su marido.

Injusto soy yo cuando no quiero serlo y tengo que hacerlo ¿por qué? Porque soy injusto. Lo sé, y a pesar de ello te seguiré queriendo y lo sabes ¿es injusto? Tú lo sabes. Yo también, y ahora me pregunto, ¿por qué no hacemos justicia? Porque ahora mismo tú no puedes y mañana no lo sabes y yo ahora mismo no quiero y mañana no lo sé.

¿Eso también es injusto? Tal vez sí.

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ESTOY SOLO

Me dijiste ayer.

Estabas rodeado de gente, pero estabas ausente.

Tu soledad la decidiste tú en un momento determinado, cuando no quisiste que nadie estuviese contigo, aunque ellos no lo sabían, tú estabas solo. Yo también, pero tú te diste cuenta al momento y no la interrumpiste, eres listo.

¿Me echas de menos? Claro.

En mi soledad te echo siempre de menos. Echo de menos a esas personas con las que hablo a diario y no conozco absolutamente de nada, como no te voy a echar a ti de menos. Echo de menos a gente, y también momentos. Echo de menos a mi familia, a mis amigos, las chanclas en verano y el jersey en invierno, un paseo descalzo y el olor a hollín de las chimeneas de la vieja Castilla.

Estoy vulnerable. ¿Conmigo? Sí contigo. ¿Ya no eres fuerte?

Siempre habíamos sido fuertes. Del norte. Recios y rudos. Nunca lloramos en público, ¿recuerdas? Llorar en público no es de buen gusto. Las emociones en casa. Para dentro. Todo para dentro. A nadie le importa si sufres o no. Cabeza alta, mentón erguido, pecho hacia delante y mirada dura, clavada y precisa. Somos fuertes.

Contigo todos somos vulnerables y hoy más que ayer.

Desde hace meses hablamos sin conocernos. Tú y yo. Y tú también. Y tú. Hablamos a diario. Lo sabes o lo intuyes todo. Tú. Él no sabe nada. No muestra el más mínimo interés. ¿Y ella? Ella lo sabe pero no quiere saberlo. Si he llegado tarde, con quién he estado. Lo que hemos hecho y lo que no y hasta donde habríamos llegado si la historia hubiese sido otra, porque siempre hay otra historia. Otro día, otro par de calcetines, otro fular, otro caramelo de menta, otro vino tinto, otro amante, otro sueño, otro capítulo…siempre otro.

¿Es necesario que ocurran estas cosas para madurar? Se preguntó ella tras dos de los golpes más duros que la vida podía haberle asestado en apenas un par de semanas.

No, no es necesario. Estas cosas ocurren porque la vida es así. La madurez es otra. La de los plátanos, cuando se ponen oscuros por fuera y demasiado dulces por dentro, blandos, correosos, feos, a veces hasta se llenan de moscas que van al almíbar…Cuando ya sólo sirven para hacerle una papilla al niño.

¿Merendamos? ¿Qué quieres?

Besos.

 

PD: Para ti. Para ti. Hoy especialmente para ti. Y siempre para ti.palmeras

Gallego como nación. Tímido por reacción. Publicista con titulación. Redactor de vocación. Fotógrafo como afición. Coleccionista como manía. Observador por tentación. Viajero como pasión. Cantante sin compasión. Amante con ilusión. Lector por compulsión. Juerguista por diversión. Despistado sin solución. Ordenado por devoción. Madrugador sin intención. Periodista de frustración. ¿Artista? sin profesión. Zaloalo, una aliteración.

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