EN LOS TEJADOS DE MADRID

Alguien pregunta: – ¿cuándo pasa el último tren?-

Miro la pantalla. Miro mi reloj. Miro la cara de aquella mujer de mediana edad, ojos brillantes y pelo pegado a la cara.

¿Por qué aún no ha hecho frío este invierno? Ese frío que a ti y a mí tanto nos gusta. Ese con el que nos subimos a los tejados de Madrid mientras bebemos café muy caliente que sujetamos con las dos manos para calentar las palmas. Ese que nos congela la punta de las pestañas y que nos pone la nariz roja como si nos hubiésemos bebido cuatro porrones de tinto peleón.

Esta mañana me despierto con la noticia de que Paula ha llegado. El fin de semana una amiga me cuenta que quiere ser madre. Esta mañana otra también me lo cuenta.

¡Ser madre!, qué frase tan corta y tan intensa. Yo también quiero ser madre. Siempre quise ser madre pero por haches o por bes, con “ b”, no he podido todavía. Sara también quiere ser mamá. Amelia también. Ángela también. Y Carlos. Y Manuel. Y Rafa. Y yo…

Ser madre. Una responsabilidad para toda la vida, de esas que atan con tres nudos, dos cadenas de acero y una llave que alguien se traga y jamás devuelve. Si hace años ser madre y sacar adelante a catorce hijos bajo una situación mediocre era digno de monumento. Ahora ser madre es digno de heroínas del siglo XXI. No vamos a comparar unos tiempos con otros porque es absurdo cuando todo ha cambiado tanto, pero ¿quién se atreve hoy en día a ser madre?.

Nos hemos vuelto completamente egoístas. Tener pareja es un lujo como comprarse un traje de Hermés o un reloj de Cartier. Tener un sueldo digno es un banco de niebla baja. Y la energía de los 20 a los 40 un milagro del que sólo unos pocos privilegiados pueden presumir. A ver quién tiene valor a retrasar ese reloj biológico de “tic, tac” eterno.

Desisto de esa idea. Mientras tú me dices que no estoy preparado. ¿Y quién coño lo está?. ¿Lo estaba mi madre? ¿y la tuya?. ¿Es cuestión de estar o de querer?. ¿Por qué queremos? Porque sí. ¿Por qué lapidamos a los que no quieren serlo?. ¿Quién dijo que el instinto maternal era tan obligatorio como el dni? ¿Quién dijo que había una edad para ser madre y que si no “ajo y agua”?

Y escucho como el chico que está detrás de mí contesta:

-Su último tren pasará cuando usted quiera que pase, señora-

No puedo evitar sonreír. El chico me guiña un ojo. Yo bajo la mirada y sigo esperando.

EN EL ANDÉN

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