MIRANDO AL SUR

Cadiz playa sol

Caminábamos por aquellas estrechas calles empedradas.

Pueblos de la sierra andaluza donde las farmacias siguen siendo boticas, los supermercados todavía colmados, y los bares, cantinas. Allí, justo cuando el sol estaba en el punto más álgido del día nos sentamos en una tasca a tomar cerveza fría. El calor era intenso. Una pareja de jóvenes con aspecto de haber dormido poco intercambiaban sonrisas de complicidad nocturna. Mirases hacia donde mirases todo era tan blanco que parecía un pueblo puesto a clareo. Sensación que se intensificó cuando de repente un agradable olor a suavizante lo envolvió todo de principio a fin. Los pocos vecinos y algunos veraneantes caducados huían rumbo al mar. Nosotros también, y aunque en principio nuestra intención era acercarnos a una playa con nombre propio, en el camino se nos cruzó otra, por la que nos sentimos igual de atraídos que un barco a la deriva lo hace por un cabo en alta mar. El Cabo de Trafalgar.

Desde una punta del arenal amarillo como el pan rallado y donde el agua parecía que no te cubriría nunca, una mole de piedra de algo más de 50 metros de altura el faro nos observaba como una abuela vigila a su nieto mientras se sube al columpio.

Además del cazón en adobo, atún rojo en vinagreta, caballa o calamares al estilo andaluz. Además de las albóndigas de pulpo “chipioneras” que nos quedamos sin probar. Además de la visita al pueblo de las bodegas y licores más populares, nos faltaba lo mejor, algo para lo que habíamos ido, despedirnos en directo del verano, que en agosto como un auténtico maleducado se marchó sin decir nada.

Después del último baño, el último paseo y la última siesta tapados por la suavidad de la brisa marina de los últimos días de septiembre. El sol nos avisó.

-Hoy me voy-.

Desde el camino de madera que unía nuestro alojamiento al inmenso litoral contemplamos como el mar en calma devoraba al sol a pequeños mordiscos. La brisa se despertó. La luz tenue sustituyó a la intensidad de todo el día.

Ahora sí. Se acabó Javi. Ya podemos decirlo:

– “Adiós verano, adiós”- .

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