LA HOJA EN BLANCO

HOJA EN BLANCO

Era muy tarde cuando se tomó el último café y no logró conciliar el sueño en toda la noche. Dedicó parte de la madrugada a teclear y teclear palabras que apenas tenían sentido porque no le producían ninguna sensación, ningún sentimiento.

Inhalaba humo de cigarrillos de tabaco negro de liar y a pesar del cansancio, una cadena de bostezos entrecortados salían de su boca a cada minuto, no se durmió hasta bien entrada la mañana.

Nadie sabía lo difícil que era enfrentarse a ella. Inocente y falsa. Mientras tú tratabas de buscar las palabras exactas, las excusas perfectas, las mentiras más falsas, las verdades más justas, la realidad más sincera; ella pálida, tranquila, paciente, austera… ni se inmutaba.

Siempre valiente. Vacía. Sin contenido alguno más allá del que tú puedieses darle, pero también inteligente y capaz de absorber y retener todo lo que tus entrañas pudiesen vomitar en forma de palabras.

Un día sin querer la manchas, otro la mojas, otro la arrugas y el más serio retuerces o la haces trizas.

¡Joder ya!. ¿A qué esperas para decirme algo?. Llevo 6 horas aquí sentado frente a ti y no has sido capaz de aportarme nada, de soltarme nada, de enseñarme nada, ni de reírte, ni de llorar, ni de opinar ¿te gusta o no? ¡Antes de que me vaya a dormir, dime algo coño!.

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