2.1: JAVIER

LAS VENTAS 046

Cierro los ojos y puedo verte con esa mirada de niño pillo sentado sobre las rodillas de tu abuelo en el butacón orejero color vino observando, y sin perder ni un solo detalle, la corrida de toros retransmitida desde la plaza de Las ventas por RTVE. Por aquel entonces las televisiones todavía tenían culos grandes. Los butacones de los abuelos tapetes de ganchillo y los niños llevaban pantalones cortos y calcetines hasta las rodillas.

Años más tarde ese niño de mirada “pícara” cambió sus gafas por lentillas, sus pantalones cortos por vaqueros y sus cuellos de barco por camisas. La infancia y la adolescencia forjan un carácter y sin lugar a dudas en este caso lo han hecho y desde que conocí a Javi no hay día que no me pregunte cómo un chico de 25 años puede ser tan responsable, tan noble y tal vez, y por qué no, tan adulto.

Contigo aprendí, decía un bolero que una de esas noches de Brugal y Coca Cola, escuchamos al borde de un piano… Que a pesar de que uno pueda estar pasándolo mal, al cruzar la puerta de un bar los problemas se quedan fuera, fumando o pasando frío. Que la política es la vida y que los que se dedican a ella, para bien o para mal son personas. Que si un día te caes al día siguiente te levantas. Que la confianza llega sola y que la generosidad es probablemente la virtud más valorada por mí. Que se puede estar muy a gusto sin apenas decir palabras.

Contigo aprendí, decía el bolero… Que los tópicos se rompen. Que los prejuicios son complejos y que el azul o el rojo cuando los mezclas se convierten en magenta. Que la paciencia no es mi mayor virtud y que la puntualidad es educación. Que la sociedad es un combinado de lo más variopinto y que aquello que podría ser rancio ahora es vintage y que lo que fue vintage, ahora es moderno.

Contigo aprendí, decía el bolero… Que en el mundo existe una gama de grises enorme y que no todo es tan blanco o tan negro. Que yo soy más gallego que nunca y que tú el más madrileño de todos los gatos. Que la morriña es muy mía, que el pesimismo es de cobardes y que un traje puede hacer del mayor piltrafa un gentleman consagrado.

Contigo aprendí, decía el bolero….Que el tendido 7 es el de los aficionados más protestones. Que se puede comer croquetas casi una semana seguida sin uno ponerse malo. Que los gatos no me gustan ni me generan confianza alguna. Que los euromillones se juegan el martes y el viernes. Que el tiempo es oro y que la amistad es hasta al final y el final, siempre es el principio.

Contigo aprendí, decía el bolero…que la edad no es más que un número a efectos administrativos, que cada “pero” no es más que una barrera antes de que salga el toro y que cada día es una salida al ruedo.

Contigo aprendí, decía el bolero… que en muy poco tiempo se puede querer mucho y echar de menos más y que el hermetismo es algo más que un tarro al que hay que golpear con una cuchara para hacerle un vacío y después abrirlo…

Y hoy me saco la montera, y con paseíllo alrededor del ruedo digo eso de: “Maestro, esta faena, va por ti”. ¡Felicidades Javi!.

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