EL DISCURSO DEL REY

He de decir que hasta hace poco no lo veía yo a usted de rey si no más bien de sota, a diferencia de lo que me ocurre con su esposa que sí la veía y veo de reina o de “reinona” y no del carnaval precisamente.
Esta noche puede ser su gran noche. Saldrá usted en todas las televisiones hablando de “justicia igualitaria” dos días después de que a su hermana la hayan imputado y a su cuñado a este paso terminarán amputándolo. No me gustaría verme en su lugar pero de todas formas supongo que ya habrá pedido consejo a nuestros políticos para salvar la situación.
Nuestro presidente le puede aconsejar de cómo salir airoso de cualquier hecatombe sin apenas despeinarse. Él sabe hacerlo muy bien. Millones de parados en el país que dirige, delincuentes en tropel dentro y fuera de sus filas, enanos creciéndole por todos las esquinas, el último un tal Nicolás y presidentes autonómicos que le montan un jaque mate en cajas de cartón y él ahí sigue, echando pecho y en silencio. Sólo se pronuncia para dar buenas noticias, como la de ayer con la subida del salario mínimo de 3, 3 € o como la de hace una semana cuando nos dijo que éstas serían las primeras navidades fuera de la crisis. ¡Qué suerte tener horchata en las venas en vez de sangre!.
Yo si soy usted también le pediría consejo a Pablo. Éste sí está cerca del pueblo. Le podrá hacer un discurso estupendo lleno de fantasía y de color. Sabe decir lo que el auditorio quiere oír. No se preocupe usted por el contenido, póngale ímpetu y ganas. Ya después si lo que dice se puede o no, eso es secundario, usted diga que Podemos y santo remedio. Tampoco se pase, el puño por ahora no lo levante, eso tal vez el año que viene después de las elecciones, lo decide.
Y no se olvide de hablar con Pedro, que aunque en su rebaño parece que no ha entrado con muy buen pie, el tío tiene planta. Es capaz de cambiar argumentos y grados de radicalidad según la dirección y la fuerza del viento. Parece que sabe adaptarse a cualquier circunstancia a pesar de que muchas veces el cuello de la camisa le aprieta un poco. Sabe que creo que le ocurrirá a éste, lo mismo que le sucedió a Suárez en sus tiempos: “el hábito no hace al monje”, pero ayuda, y este señor de hábito está servido.
Ya no quiero darle mucho más la lata que entiendo que a estas horas está usted ocupadísimo ayudando a su mujer con la cena de esta noche, con las niñas y los regalos. Se le ve a usted un hombre moderno de esos que colaboran en todas las tareas de la casa para que su mujer no le ponga la maleta en la puerta.
No quiero despedirme sin advertirle de que no se olvide de la “Ley Mordaza”, que con esto de que la justicia es igual para todos, a ver si va a terminar usted detenido o pagando multas de 600 mil Euros, mida muy bien sus palabras.
Yo esta noche no lo escucharé porque estaré tomando un par de vinos con mis amigos, pero confío en que su estreno será todo un éxito. Por una parte tendrá a miles de periodistas escuchándolo para ponerlo mañana “a caer de un burro”, y por otra a millones de abuelos de este país que los pobres casi no oyen (ni falta que les hace) pero por si usted no lo sabe son la fuerza viva del país, el motor que lo mueve, gracias a ellos y a sus pensiones hoy 47 millones de personas brindaremos por la Nochebuena y cantaremos otro año más eso de “Ande, ande, ande…la marinomorena”.

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