¿TE IMPORTA SI ME DESNUDO?

¿TE IMPORTA SI ME DESNUDO?

Los últimos impulsos le habían pasado una factura más cara de lo que probablemente él pudiese costear en ese momento.
Desconcertado esperaba la próxima patada en el culo, o tal vez como la última, en los huevos que duele más. El horizonte parecía completamente despejado. Contaba con apoyo más que suficiente como para enfrentarse a un ejército de marines exaltados, pero esta vez trataba de ser ajeno a toda ayuda.
La cerveza y el vino lo acompañaban a menudo. Últimamente su carácter se había agriado como le ocurre al vinagre después de varios días vistiendo la ensalada. Por fin había salido a flote ese genio que todo el mundo tiene y que en él hasta entonces había estado sumergido en un océano de confusión.
Por más que trataba de ocultar su estado, el cuerpo que es incapaz de esconder lo que los entresijos mentales tejen, gritaba verdades como puños.
Surcos por ojeras.
Zanjas por hoyuelos.
Rías por entradas y arrugas por las que se podría colar un ciclón y arrastrarlo todo.
El calor había sido insoportable. A las 19 cuando abría la primera cerveza para tratar de dar vida una noche más a su personaje, un trueno se descolgaba y caía al vacío.
El cielo al igual que sus dedos, estaba furioso. El primero vomitaba haces de luz acompañados de eructos extraordinarios. El segundo aporreaba el teclado con tanta furia que las letras lloraban de dolor.
“Un borrador, dos, tres…Día tras día. Noche tras noche. Letras. Palabras. Puntos. Puntos y comas. Puntos y a parte. Enredos y más enredos. Una protagonista potente con una historia que no se deja contar. Difícil en vida. Difícil después de ella. Intocable”.
Nada de lo que estaba ocurriendo era real. Nada formaba al menos parte de lo que hasta entonces había sido su realidad.
Ni la tormenta que asustaba al niño cuando intentaba conciliar el sueño.
Ni el diluvio que mojaba la ropa recién tendida del chico que tenía que salir de viaje en unas horas.
Ni la respuesta que el enamorado esperaba y nunca llegaba.
Ni el vaso que bailó por toda la encimera y se rompía en 34 añicos sobre el suelo.
¡Feliz día del libro a todos!.

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