INSOMNIO

22. 42 h: salgo de casa de Irene. Estoy ansioso por conocer el resultado de su trabajo.

22. 44 h: el diluvio se ceba conmigo. Suena el teléfono. Es mi madre. No lo cojo.

22. 55 h: entro en mi casa, o en mi sauna particular. Ropa fuera.

23.04 h: me tomo un Cola Cao helado mientras envío unos WhatsApps

23. 10 h: trato de fumar el último cigarro del día.

23. 15 h: me lavo los dientes.

23. 22 h: me tiro en la cama.

23. 26 h: apago el teléfono móvil y enciendo la radio.

23. 40 h: comienzo a dar vueltas, tal cual un viajero de la montaña rusa.

23 43 h: la sábana bajera está tan caliente que podría poner unas hamburguesas a la plancha.

23. 54 h: sudo. Hace calor. Truena. Ya no llueve.

00.05 h: empieza ese programa de radio donde una locutora con voz porno- erótica sonsaca a sus oyentes las entrañas.

00.08 h: enciendo el ventilador a riesgo de que su zumbido interrumpa la conciliación de mi sueño.

00.25 h: una señora nos cuenta a los millones de oyentes que se acuesta con su vecino de 60 años, que goza mucho pero que él no eyacula. Ella se siente mal.

00. 34 h: después de esta historia los ávidos locutores de radio deciden poner una pastelosa canción de Pablo Alborán, supongo que con el fin de animar al hombre a expulsarlo todo hacia fuera.

00. 51 h: el ventilador hace cada vez más ruido. Apenas escucho ya la radio. Sigue tronando. Ya no sudo.

01. 20 h: decido apagar lo que mi sobrino llama “el remolino”.

01. 55 h: comienza la música enlatada.

02.06 h: Chenoa, David Bisbal, Mecano, Radio Futura, Paula Rojo, Carrasco, Revólver, Alborán…

02.28 h: sudo. Tengo sed. Ya no truena. Me levanto. No enciendo ninguna luz. Voy a la cocina. Bebo agua de la botella. ¡Qué bien se está con la nevera abierta!. Regreso a mi sauna.

02. 45 h: me voy, me voy, me voy, me quedo, por fin.

03. 57 h: después de los 3 litros de agua bebidos a lo largo del día, me hago pis. Me levanto, vacío. Vuelvo a beber agua. A cama.

04.00 h: la señal de la radio marca las en punto. Anuncian que en 2 h comienzan su programa matinal. Melendi, Rosario Flores, un tal Cali y Dandi (no sé ni cómo se escribe), Marta Sánchez tan desesperada como yo.

04. 16 h: ¡Mierda! Las naranjas fuera de la nevera. No me gusta el zumo caliente. Me levanto. Cojo dos naranjas, las meto en el frigo. Vuelvo a cama.

04.21 h: una vuelta, otra vuelta y otra más. Pienso en los nombres que tengo que dar a una clienta para su despacho de abogados. Pienso en cuándo me iré. En las noticias buenas que están a punto de llegar. En cómo estará la espalda de mi padre. En la selección de fotos que tengo que hacer en unas horas. En la reunión con la clienta de la tarde. En qué día y cómo regresaré a casa. En mis amigos. En los días de fiestas…

04. 47 h: me levanto. Me enfrento al espejo. ¡Buf!. Las ojeras parecen fosos romanos. Mi pancilla desapareció. Mis brazos son más largos y más finos. Estoy moreno. Mis ojos rojos. Mi pelo está como si se hubiese enfrentado a Eduardo Manostijeras.

05.03 h: Ya no llueve. Ya no truena. El bochorno es insoportable. La M 30 apenas tiene tráfico. Cojo el exprimidor. Las naranjas. Las zanahorias. Comienzo una rutina conocida desde hace meses. ¡Buenos días!.

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