8 M: DE PROFESIÓN ¡MI MADRE!

De pequeño, cuando en el colegio me preguntaban ¿y tú mamá dónde trabaja? Mi respuesta inmediata era: mi madre no trabaja.

Con el tiempo comprendí que eso era una mentira. Mi madre lo que no tenía era una remuneración, pero sí un trabajo. Un trabajo en una empresa que dentro de dos días cumplirá 34 años de existencia. Un trabajo de 24 horas al día, los 365 días del año. Un trabajo en el que no hay paro, pero tampoco vacaciones, ni pluses, ni cesta de navidad, ni jubilación.

Un trabajo: una familia.

¿Quién lavaba mi ropa, que en mi caso y como me hice pis en cama hasta los 13 años, era a diario?

¿Quién se encargaba de que los martes nos comiésemos todas las espinacas y el pescado? ¿Y de que mi hermana se zampase las lentejas que tan poco le gustaban, y a las que de pequeña, llamaba almejas?

¿Quién preparaba las maletas cuándo nos íbamos de viaje?

¿Quién tenía la casa como “un jaspe” y nos gritaba si entrábamos con los zapatos en la sala?

¿Quién “sacaba la zapatilla” a la mínima de cambio porque habíamos hecho cualquier trastada?

¿Quién me preparaba los tuppers cuando estaba estudiando fuera?

¿Quién se preocupaba por mi ropa, mis notas, mis miedos, mi timidez, mis primeros trabajos, mis viajes? ¡Llama cuando llegues!. ¡No te olvides las llaves!. ¡No te pases esta noche!. ¡Acuérdate de felicitar al abuelo!. ¿Llamaste al dentista?. ¿Qué tal la entrevista?. ¿Cómo está tu eccema?. ¿Te echaste la crema?.

Un trabajo lleno de problemas, de objetivos, y de inquietudes, que como en la vida crecen con los años. Un trabajo para siempre.

Por todo esto mi post de hoy va para todas profesionales de las familias pero en especial para Terita que es madre de mi madre, abuela por partida doble, y bisabuela de Diego. Para mi tía Celia porque ya lo dice el refrán “a quién Dios no le da hijos, el demonio le da sobrinos”. A mi hermana, que está comenzando a crear su propia empresa, su familia. Y sobre todo a la jefa, a ti mamá. Hoy mi madre está en la playa, pero no sin antes hacer la cama, pasar el aspirador, tender la ropa, ir a la compra, organizar la comida y pensar en cómo estaremos todos sus empleados: mi hermana, mi cuñado, mi sobrino, yo…

¡Gracias mamá. Estoy bien. Me eché la crema. Cerré con llave. Llevo paraguas. Comí pescado. Cambio las toallas todas las semanas, y salvo las pequeñas preocupaciones que tú y yo sabemos, empiezo a estar mejor!

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